Opinión cualificada

El mejor tratamiento es la prevención y la mejor prevención es el tratamiento Vale más una imagen que mil palabras…

Autores: Duarte Vitória, Paulo ; Belo Ravara, Sofia y Calheiros, José Manuel

Fumar es la principal causa evitable de enfermedad y muerte. Pero el tabaco continúa siendo consumido por cerca del 30% de la población de los países desarrollados y, año tras año, una parte considerable de jóvenes inicia su consumo. ¿Cómo podemos superar esta contradicción entre la evidencia científica y la realidad? ¿Qué podemos hacer para evitar que cerca del 50% de los fumadores mueran a causa del tabaco? Actualmente hay 5 millones de muertes cada año y habrá cerca de 10 millones en 2030. La respuesta a estas preguntas es, en teoría, simple. Es necesario disminuir el número de fumadores, tratando a las personas que fuman y previniendo la iniciación de los que todavía no han empezado. Pero, en la práctica, esta respuesta es difícil. Las estrategias que utilizamos para tratar a los fumadores y para prevenir la iniciación tabáquica no han sido tan eficaces como sería deseable.

Las cuestiones que planteamos aquí vienen preocupando a la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde hace más de 20 años. Para buscar respuestas, la OMS lanzó, entonces, un programa de control del tabaquismo. Según el profesor Costa e Silva, en aquella época responsable de la Dirección de Salud Mental y Enfermedades No Contagiosas de la OMS, el primer gran desafío fue encontrar una forma eficaz de comunicar a la opinión pública que el tabaco y la salud son incompatibles. El nombre escogido para el programa, “El tabaco o la salud”, refleja esta idea. Pero hacía falta algo más para llegar de forma eficaz al público en general. Un equipo multidisciplinar, encargado de estudiar las mejores respuestas, propuso la progresiva reglamentación del comportamiento de los fumadores en los espacios públicos como la mejor estrategia para alcanzar el referido objetivo. Desde entonces, las normas que limitan o prohiben el consumo de tabaco han demostrado su eficacia en el control del tabaquismo y han sido ampliamente difundidas. Esta estrategia tiene implícito un principio importante:

“Comunicar mediante normas y actos es más eficaz que comunicar mediante palabras.” 

La limitación del espacio donde se puede fumar se sitúa conceptualmente en el plano macrosocial y se traduce en la práctica en medidas legislativas. ¿Será posible trasladar esta estrategia del nivel macrosocial al microsocial? O sea, ¿de los espacios públicos y lugares de trabajo a los espacios privados de la familia (por ej.: domicilios y automóviles)? ¡Creemos que sí! Esta convicción proviene de dos fuentes. Por un lado, la experiencia clínica, donde cada vez encontramos más fumadores de entre 30 y 40 años que quieren dejar de fumar motivados directa o indirectamente por sus hijos. Por otro lado, los resultados de una línea de investigación que apuntan al comportamiento de los padres y las normas que establecen sobre fumar, como determinantes en la intención de fumar y en la iniciación tabáquica de los hijos.

Antes de defender la hipótesis de que los padres influyen en los hijos es relevante resumir lo que sabemos sobre la iniciación del tabaquismo:
•  La mayoría de los fumadores empieza a fumar durante la adolescencia y el pico de la iniciación ocurre entre los 14 y los 16 años (Santos y Barros, 2004; US.DHHS, 1994).
•  Cuanto más precoz es la iniciación, más grave será la futura dependencia y más difícil será dejar de fumar (Breslau y Petersen, 1996).
•  Basta fumar algunos cigarrillos para que los jóvenes manifiesten señales de dependencia (DiFranza et al., 2002 & 2000).
•  Las estrategias convencionales de educación para la salud y de prevención de la iniciación tabáquica desde la escuela no han alcanzado los resultados esperados (Peterson et al., 2000; De Vries et al., 2006). *

En vista de estos conocimientos parece ser necesario comprender mejor el proceso de iniciación, dirigir las medidas de prevención principalmente hacia los jóvenes y colocar la primera línea de la intervención preventiva antes del inicio del comportamiento.

Durante mucho tiempo, la hipótesis de que los padres podían influir en la intención de fumar y en la iniciación del hábito tabáquico de los hijos no fue apoyada por los investigadores. Pero, más recientemente, una nueva línea de investigación, que redefinió conceptos, aplicó nuevas metodologías de análisis de los datos y analizó datos recogidos preferentemente en estudios longitudinales, obtuvo resultados que apoyan la hipótesis de que los padres influyeron en el comportamiento de los hijos (Bricker et al., 2006 & 2007; De Vries, 2006).

Es en este contexto donde surge la idea central de este artículo:

“Prevenir la iniciación y la dependencia de los hijos pasa también por tratar la dependencia de los padres y otros adultos. Y viceversa.”

Estas dos vertientes pueden integrarse fácilmente y posibilitar el alcance de resultados positivos en los dos frentes principales del control del tabaquismo: la prevención y el tratamiento. Si los padres no fuman o dejan de fumar y si no permiten el uso de tabaco en su casa y en su coche, menos jóvenes comenzarán a fumar. Si los hijos motivan a los padres a dejar de fumar y a implementar reglas que limiten o impidan el humo de tabaco en los espacios privados de la familia, tendremos más adultos que dejarán de fumar.

Para que esta idea se concretice en la realidad, además de los padres y de los hijos, es necesario implicar también a los profesionales de la salud y a los profesores. Y así terminamos, apelando a los profesores a que integren en su trabajo la prevención del tabaquismo, utilizando como estrategia, entre otras, la mobilización de los jóvenes para que motiven a sus padres a dejar de fumar y a no permitir que se fume en sus casas y coches privados. A los profesionales de la salud, teniendo como primer objetivo motivar a los fumadores a dejar de fumar, les cabe evidenciar o reforzar la idea de que el comportamiento de los padres influye en la iniciación tabáquica de los hijos y, también, que la norma de no fumar en casa y en los coches de la familia puede contribuir a que sus hijos no sean fumadores (Macedo y Precioso, 2004; Precioso, 2006; US EPA; American Academy of Pediatrics).

 

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