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Opinión cualificada

Tabaco y pediatría

Autor: Amorós, E. de la Cruz

Vale, el tabaco es malo para la salud. El tabaco es malo para la salud de quien lo fuma y de quien se encuentra cerca del fumador y lo inhala de forma involuntaria. Pero el tabaco es aún peor para el que lo fuma de manera involuntaria en su hogar, para el que no tiene capacidad de decidir, el que depende en todos los aspectos de su vida del fumador o fumadores con los que vive y, además, tiene unas peculiaridades fisiológicas que aún lo hacen más susceptible de padecer enfermedades de forma inmediata y de estar predispuesto a otras tantas en la edad madura; todo eso al margen de la mayor facilidad para perpetuar esta adicción en la especie humana, puesto que los hijos de fumadores son los que tienen más facilidad para hacerse adictos.

La cantidad de trabajos y artículos relacionados con la patología derivada del consumo de tabaco en embarazadas, niños y adolescentes –edades que incumben de lleno al pediatra y que lo legitiman para su plena actuación– en estos últimos 25 años ha ido creciendo de manera casi exponencial. No pasan una o dos semanas sin que en cualquier revista científica se hable de estos temas. El parámetro el tabaco “es un chollo” para dar significación estadística a innumerables estudios epidemiológicos y, en multitud de ocasiones, aunque no exista una precisa explicación para entender el motivo de la influencia del tabaco y sus miles de componentes nocivos, sale perdiendo en todas las variables y da relevancia y veracidad a un gran número de trabajos científicos en donde se demuestra lo nocivo de esta droga.

Vale, el tabaco es malo para la salud, muy malo si ustedes quieren.

Vale, el tabaco es malo para la salud, muy malo si ustedes quieren. Y este conocimiento, penosamente, aquí se acaba para la mayoría de fumadores, no fumadores y parte del colectivo sanitario. Podríamos llamarlo conocimiento esquela, a semejanza de las recomendaciones sanitarias que aparecen en el paquete de tabaco: breves, con la advertencia de los peligros de fumar y rodeadas de un grueso margen que no les deja salir.

En general, todo lo referente al tabaco va lento, o alguien lo enlentece, y no sólo lento, también se ve distante, y aún más cuando se trata de fumadores pasivos, que sí, que puede que les llegue el humo, que no a todos les afecta, que los problemas llegan luego, que se diluye en el aire, etc. A la percepción de esta droga le falta inmediatez, la misma en la que vive esta sociedad, la cultura del ahora, del ya; el luego es como que no existe, y menos cuando hablamos de algo que de forma inmediata es placentero y cuyos efectos nocivos, en la mayoría de ocasiones, tardan en desarrollarse.

Si, verdaderamente, el tabaco es un problema de todos, de todas las personas y estamentos, aún lo es más para el colectivo sanitario y, determinadas especialidades como la pediatría, con un tinte marcadamente preventivo (vacunas, alimentación, higiene física y mental, etc.), necesariamente deben incorporar de manera activa, diaria e intensa este gran capítulo del tabaquismo infantil (pasivo o activo) a su quehacer diario. No hay que olvidar que un 75% de las gestantes fumadoras continúan fumando durante el embarazo, que entre un 50-60% de nuestros pacientes (0-14 años) viven en un ambiente con humo de tabaco y que un 60% de los fumadores/as se inician entre los 13 y 15 años.

El abordaje del tabaquismo en pediatría es amplio, complejo y muy gratificante para niños, padres y pediatras. Abarca desde la colaboración con ginecólogos y matronas, y enfermería, hasta el ámbito hospitalario, consultas de atención primaria, ya sean de puericultura o asistenciales. Para todos los que se dedican a la salud infantil es un gran reto que debe abordarse con responsabilidad, suficientes conocimientos, firmeza y con la habilidad necesaria para motivar y convencer, en la mayoría de ocasiones con muy poco tiempo disponible, y en situaciones comprometidas como puede ser hablar del tema con padres fumadores por consultas en las que el niño tenga una patología posiblemente relacionada con el humo de tabaco ambiental. A modo orientativo, y como regla nemotécnica, se ha propuesto el siguiente esquema para un mejor abordaje.

  1. Interesarse: ser consciente de la gravedad
  2. Interrogar: preguntar, averiguar
  3. Informar: indicar, advertir
  4. Inculcar: grabar, sugestionar, motivar
  5. Incansable: perseverante, tenaz

Regla de las 5 ies para Integrar el tabaquismo Infantil en la consulta (E. de la Cruz)

Interesarse en cada consulta por el problema del tabaquismo en el niño teniendo presente la nocividad del consumo de tabaco, ya sea inhalado de forma pasiva o activa.

Interrogar sobre el ambiente de tabaco y los determinantes de riesgo para el niño, como son: número de fumadores, prácticas en casa, edad del niño, sexo, nivel de estudios de los padres, clase social, situación laboral de los padres, renta de la vivienda, niveles de nicotina más elevados (pisos de alquiler), índice de ocupación, personas/ habitación, características de la vivienda (superficie, número de habitaciones, calefacción, jardín) y otros (estación del año, situación geográfica).

Informar y actualizar información sobre los riesgos que corre su hijo respecto a las patologías más frecuentes: síndrome tabáquico fetal, síndrome de muerte súbita del lactante, problemas digestivos y nutricionales, patología respiratoria, patología ORL, inicio de carcinogénesis, desarrollo de patología cardiovascular y trastornos neurobiológicos.

Inculcar cambios de conducta, motivando a los padres a que avancen en su proceso de cese del consumo o, en su defecto, a la total abstinencia del consumo de tabaco en casa y en el coche, en toda la casa y en todo momento. Puntualizar que cualquier otra forma es dañina para el niño, que no se trata de evitar fumar delante de él, sino de procurarle un ambiente sano de forma continuada. Estar preparado para enfrentarse a verdades a medias de los padres, por la dificultad al asumir, en ocasiones, que son los mismos cuidadores/tutores los que arriesgan la salud del niño con su adicción.

Incansable y perseverante en la actuación, las normas tienden a relajarse con el crecimiento del niño y las recaídas en los fumadores son muy frecuentes.

Se debe tener presente que la actitud será, en todo momento, de firmeza, comprensión y ánimo, en ningún caso inculpatoria ni de reproche. El tabaquismo del tutor o tutores es una enfermedad que también afecta a su hijo y hay que enfocarla como tal.

En resumen, la colaboración y el entusiasmo de todos los pediatras y de enfermería pediátrica facilitarán, en gran medida, el control y tratamiento del tabaquismo pasivo y/o activo de la población en general y de la pediatría en particular.

 

Bibliografía

De la Cruz Amorós E, Monferrer Fábrega R, Cruz Hernández M. Tabaquismo. En: Cruz M. Tratado de Pediatría, 9ª ed. Madrid: Ergón; 2006: 2063-71.
Altet Gómez MN, Alcaide Megías J. Prevención y control del tabaquismo: un reto para las unidades de pediatría. Prev Tab 2006; 8 (1): 25-36.
www.sedet.es. Web de la Sociedad Española de Especialistas en Tabaquismo (SEDET).

 

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