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Tabaquismo como fuente de inequidades sociales.

Redacción

El tabaco, un enemigo que muta.

El consumo de tabaco y la dependencia que genera constituye en la actualidad la primera causa de enfermedad y muerte evitable en el mundo y tiene las características para ser considerado como una pandemia. Mata a una persona cada 4,4 segundos, además de 7,1 millones durante el año 2016 (5,1 millones de hombres y 2 millones de mujeres) y casi 900.000 de estas muertes se produjeron en personas no fumadoras (lo que llamamos tabaquismo pasivo). El tabaco causó 100 millones de muertes durante el siglo XX y, si no se ponen en marcha medidas oportunas, causará un billón de muertes en el siglo XXI. La Organización Mundial de la Salud anuncia que fumar podría ser responsable de 8 millones de muertes en 2030.

La proporción de personas fumadoras disminuye en la mayoría de países de la Unión Europea desde el año 2006 pero permanece estable desde 2014.

Para la actual pandemia de la Covid19 ha generado 35,3 millones de casos, de los cuales 1,039 millones han muerto.

Más del 80% de estas defunciones evitables se darán en colectivos de ingresos bajos y medios.

Los datos indican que la prevalencia disminuye en los países más ricos y no en los menos desarrollados, pero en ambos casos, la peligrosidad del tabaco para la salud de quien consume ha aumentado en los últimos años. Las personas fumadoras actuales tienen más riesgo de padecer enfermedades con cáncer y EPOC que las personas dependientes de la nicotina en el 1964, y ello a pesar de que el número de cigarrillos consumidos por día por persona fumadora ha disminuido desde ese año. Esta situación es consecuencia de los cambios que la industria del tabaco ha hecho en la composición química y el diseño de los cigarrillos, con el fin de conseguir los siguientes objetivos: en primer lugar, conseguir que el tabaco sea más agradable para posibles nuevos consumidores (las personas más jóvenes, los chicos y las chicas). La industria del tabaco sabe perfectamente que el 90% de los nuevos inicios comienzan antes de los 18 años. Saben perfectamente qué productos elaborar para que sean agradables al gusto y al olor. Además, la industria también sabe que los cerebros de las personas jóvenes son más sensibles a los efectos de la nicotina y devienen adictos más rápidamente que los adultos. Cuando el cerebro es joven, el consumo de nicotina produce aumentos más elevados de la concentración de Dopamina, lo que supone una mayor recompensa asociada al consumo de tabaco y mayor aumento de la compulsividad.

En segundo lugar, aumentar la adicción causada por el tabaco de forma que las personas fumadoras difícilmente puedan dejar de serlo. Debido a los cambios y manipulaciones en la fabricación del tabaco, el riesgo actual del tabaco de generar adicción es superior al de la cocaína o la misma heroína. En la actualidad se han descrito 4.700 sustancias químicas diferentes en el humo del tabaco, de ellas 200 clasificadas como venenos y 42 como directamente cancerígenas.

El Tabaco no sólo es un problema de salud. 

Hemos explicado la elevada mortalidad que produce el consumo de tabaco. En Cataluña concretamente muerto una persona cada hora por esta causa. La pregunta que a menudo nos hacemos y que aún nadie ha respondido es ¿por qué se sigue como si nada pasara? Como son tan pocas y difíciles de conseguir las iniciativas legislativas y sanitarias que en limitaran la producción y consumo. Para que la respuesta terapéutica de la deshabituación del tabaco es tanto escasa.

Algunas explicaciones: una variable que permite que la adicción se propague no es un mosquito o un virus, sino la poderosa industria del tabaco. Otra variable tiene que ver con la falta de implicación de los diferentes estamentos que tienen que ver: el político, el sanitario, el legislativo, el educativo, etc. No existe una política común de interés en el tema. Importante es el aspecto económico y social que afecta a las personas más vulnerables de la sociedad.

Fumar es caro. Consume cerca del 6% de los gastos mundiales dedicadas a la salud y el 2% del PIB global.

En España el gasto sanitario provocada por el problema le supone anualmente al Estado un gasto de 8.000 millones de euros (según cálculos del CNPT), lo que supone el 15% del gasto sanitario. El coste en salud de las personas fumadoras es un 56% mayor que la de las personas no fumadoras.

El tabaquismo se desplaza hacia los países más pobres y dentro de un mismo país, son las personas menos favorecidas las que más soportan los efectos negativos de este problema, dando lugar a una diferencia en salud entre grupos de población. La desigualdad es más marcada al disminuir la riqueza del país. Las personas pobres de los países más pobres soportan la mayor carga mundial del problema. Según el Informe Millennium Development Goals and Tobacco Control (2004) la pobreza de un país o de una persona está relacionada con el consumo de tabaco.

Efectivamente, fumar provoca pobreza. Cuando se tiene un elevado nivel de adicción, la persona fumadora prescindirá muy posiblemente del cuidado de la salud, de una correcta alimentación y de un progresivo abandono de las actitudes necesarias para salir adelante de una manera adecuada en cuanto al concepto de bienestar personal. Nunca falta el dinero para adquirir tabaco, pero sí faltan para conseguir alimentos, medicamentos o servicios.

Los medicamentos para dejar de fumar, una importante herramienta para resolver el problema.

En 1946 la OMS declara que «el disfrute del más alto nivel posible de salud es uno de los derechos fundamentales de todo ser humano sin ningún tipo de discriminación». El derecho a la salud se contempla en la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 y en el Pacto Internacional de Derechos Económicos de 1976, por el que los estados se comprometen a garantizar los derechos humanos (también el de la salud) entre las personas. También en la Constitución Española en el artículo 43.2.

En 2008 la misma OMS hizo un llamamiento a todas las naciones para eliminar las inequidades en salud, indicando que es un «imperativo ético, una cuestión de justicia social».

La Guía Americana del Tratamiento del Tabaquismo (2008) lo deja bien claro en referencia al tabaquismo: «es difícil encontrar otra condición que presente cifras tan altas de letalidad, prevalencia y negligencia a pesar de disponer de intervenciones efectivas y sencillas».

Efectivamente, en deshabituación del tabaco se disponen de medicamentos eficaces y útiles. De los tres fármacos de primera línea, dos están financiados en un 40%, desde el mes de enero de 2020. Queda un tercero que nadie sabe explicar el motivo por el que no está. Las recomendaciones internacionales dicen que hay que prescribir ayuda farmacológica para dejar de fumar en el 100% de las personas fumadoras. Del mismo modo que se hace ante un problema de hipertensión, por ejemplo. En España se usan estos medicamentos sólo en un 3% de los casos.

Hay mucho por hacer todavía. Son las instituciones públicas las encargadas de dar al problema del tabaquismo la real importancia que tiene. En el ámbito de la salud, desgraciadamente, todavía hay quien piensa que quien fuma lo hace porque quiere.

Una efectiva manera de evitar desigualdades sociales en salud es ésta, facilitar y acercar los tratamientos de deshabituación a toda la población, especialmente a los colectivos más vulnerables.

Juan Gil Rodríguez.
Farmacéutico Comunitario.

Francesc Abella Pons.
Psicólogo Clínico.

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